Contra la contaminación más prozac

Si estás buscando un regalo original, ecológico y fácil, el sistema te lo pone fácil. En internet hay unas cuantas páginas de valores de carbono o carbon_offsets, que el público mundano se preguntará qué leches es eso. Pues la cosa es sencilla, mediante un cálculo teniendo en cuenta nuestro hábitos de vida, medios de locomoción y otros, en estas páginas nos calculan la cantidad de CO2 que se emite a la atmósfera debido a nuestras actividades. Una vez que sabemos cuanto CO2 emitimos al año, nos proponen una ingeniosa solución para compensar esas emisiones, que no es otra que apoquinar una cantidad de dinero que se invertirá en proyectos ecológicos tipo plantación de árboles, mejora de estufas en el tercer mundo, o mejora de hábitats de especies en peligro.

La cosa parece muy provechosa para nuestro entorno, sobre todo si vivimos en los estados unidos, de donde son la mayoría de estas páginas, tenemos internet, tarjeta de crédito y dinero para pagarlo, por supuesto. Si es que aquí siempre tienen que arreglar las cosas los mismos, porque esos habitantes del globo sin dinero, tarjetas de crédito e internet, no hacen nada por el medio ambiente, es más ni siquiera conocen esos problemas, ¡será posible! Además de pobres, analfabetos y desinformados, ustedes son un peligro para la salud de nuestro planeta.

El susodicho sistema de los carbon offsets, no es otra cosa que un traslado de las prácticas sobre contaminación del modelo empresarial yanki. Allí toman una determinada cantidad de contaminación que puede soportar el entorno (según sus cálculos y estimaciones por supuesto), esto se transforma en “vales por contaminación” que pueden ser comprados y adquiridos por las empresas, de forma que pueden contaminar más cuantos más vales tienen. Así una empresa con capacidad económica no tiene ningún problema a la hora de cuidar el medio ambiente, compra sus carbon offsets (o el contaminante que sea) a otras empresas, y cuida el medio ambiente la mar de bien. De esta forma las empresas más pequeñas y con menos recursos son las verdaderamente contaminantes, y no las grandes que vierten y emiten lo que quieren pero pagan el precio como buenos elementos de la sociedad. Es lo que se ha venido a llamar “el que paga contamina”.

Así que usted no se preocupe por pensar cómo está dañando al planeta, qué hace mal, qué debe cambiar, solucionar o suprimir de sus hábitos y sus costumbres. Nada de eso. Aquí no se piensa, aquí se paga como buenos ciudadanos.

Como decía aquel libro “Más platón y menos prozac” por favor.

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