In nomine dei: Saramago en los teatros andaluces
Ayer pude asistir a la representación que se está haciendo en Sevilla en el Teatro Central de la obra de José Saramago “In nomine dei”. La obra surge de una iniciativa del Centro andaluz de teatro para adaptar los textos de Saramago al español y a un montaje escénico, que pretende girar por diversas localidades andaluzas.

La obra dirigida por José Carlos Plaza y con uno de sus papeles principales para Carlos Álvarez-Novoa, tiene como punto de origen la ciudad alemana de Münster, donde en el siglo XVI se dio un conflicto entre católicos y protestantes. La Reforma de Lutero que enfrentó a ambas facciones cristianas, hizo que en esta ciudad se concentraran los odios y enfrentamientos, haciendo que la intolerancia se expendiera como el fuego, y haciendo que una ciudad de 14.000 personas pasase a 2.000, por culpa de estas disputas.
La obra nos va ofreciendo un marco conceptual donde la religión, la intolerancia, el dogmatismo, el poder, la demagogia, hombres, mujeres, teología y fanatismo, van conformando un lienzo terrible y dramático. En palabras de Saramago: “Si los perros hubieran inventado un dios, ¿pelearían por diferencias de opinión en cuanto al nombre que darle, sea Perdiguero, sea Lobo de Alsacia? Y, en el caso de que estuvieran de acuerdo en cuanto al apelativo, ¿estarían, generación tras generación, mordiéndose entre sí por la forma de las orejas o de la borla de la cola de su canino dios?“
El montaje, francamente impactante, visualmente está muy cuidado y hace que se disfrute desde el comienzo hasta el final, con una caracterización de personajes muy lograda. Se mezclan a lo largo de la representación, dialogos, monólogos, coros de voces, escenas íntimas, gentíos, etc. El trabajo de los actores es impresionante (genial Carlos Álvarez), con unos textos complicados, unos personajes con mucho fondo y situaciones que requieren una buena coordinación entre la gente que hay en escena. ¿Y lo peor? Pues su duración excesiva, cercana a las 3 horas, que hace que se sufra un poco.

En referencia a la obra, el escritor portugués hacía el siguiente comentario en su discurso de entrega del nobel: “Si el emperador Carlomagno no hubiese establecido en el norte de Alemania un monasterio, si ese monasterio no hubiese dado origen a la ciudad de Münster, si Münster no hubiese querido celebrar los 1.200 años de su fundación con una ópera sobre la pavorosa guerra que enfrentó en el siglo XVI a protestantes anabaptistas y católicos, el aprendiz no habría escrito la pieza de teatro que tituló “In Nomine Dei”. Una vez más, sin otro auxilio que la pequeña luz de su razón, el aprendiz tuvo que penetrar en el oscuro laberinto de las creencias religiosas, ésas que con tanta facilidad llevan a los seres humanos a matar y a dejarse matar. Y lo que vio fue nuevamente la máscara horrenda de la intolerancia, una intolerancia que en Münster alcanzó el paroxismo demencial, una intolerancia que insultaba la propia causa que ambas partes proclamaban defender. Porque no se trataba de una guerra en nombre de dos dioses enemigos sino de una guerra en nombre de un mismo dios. Ciegos por sus propias creencias, los anabaptistas y los católicos de Münster no fueron capaces de comprender la más clara de todas las evidencias: en el día del Juicio Final, cuando unos y otros se presenten a recibir el premio o el castigo que merecieron sus acciones en la tierra, Dios, si en sus decisiones se rige por algo parecido a la lógica humana, tendrá que recibir en el paraíso tanto a unos como a otros, por la simple razón de que unos y otros en El creían.”