Este finde lo he pasado, como muchos otros, echando una mano a mis cuñados, haciendo tareas en el campo. Es una de las cosas más gratificantes de las que hago, y sobre todo de las más productivas, porque lo que es el resto… Además la familia de mi mujer es de lo más agradecida, y de lo poco que puedo hacer en el campo, que a veces estorbo más que otra cosa, ellos lo toman como si fuera 10 veces más. La gente del campo es así.
Pero a lo que iba, este finde ha tocado sacar miel. Y es que por esta época toca sacar los panales de las colmenas que tienen por las sierras prieguenses la familia de mi mujer y recoger la miel para el resto del año. Se hace en estas fechas fundamentalmente para que las abejas puedan reponerse del expolio de alimento que les hacemos y prepararse para pasar el invierno. Además en esta época el calor ayuda a que la miel fluya mejor y se pueda extraer más fácilmente (en invierno, incluso se cuaja).
Empezamos el sábado por la mañana, cuando mis cuñados fueron a las colmenas a recoger los panales. Yo ni me acerqué, que para eso soy un pipiolo en el tema (hay que entender a la gente del campo), me pueden freír a picotazos, no tengo traje protector, y no me iban a dejar aunque quisiera. De todas formas este año hubo suerte y la batalla se saldó con tan sólo un picotazo para cada uno de mis cuñados.
Ya recogido el cargamento se lo trajeron hasta el garaje donde teníamos montado el chiringuito. Junto con mis cuñados se vinieron unas cuantas abejas, pero no muchas, y fueron lo más pacíficas del mundo. No hubo daños colaterales. Así que nos liamos con el tema, uno abría los panales (las celdillas con la miel están tapadas con cera y hay que quitarles esa “tapadera”), otro le daba a la centrifugadora, otro colaba la miel y limpiaba el filtro, otro recogía los botes llenos, los tapaba y los limpiaba, y algunas cosillas más. A todo esto, estábamos cuatro personas: mis dos cuñados, mi cuñada y yo (mi mujer la pobre estaba pachucha).
Poco a poco todo el ambiente se fue empapando de miel, de un olor profundo e intenso, que se hacía cada vez más denso. Tan denso que me recordaba al tabaco de liar, o al de las bolsitas para narguile. Y era algo más que olor, porque la miel lo empapaba todo, era tal la cosa, que si te lamías los labios podías saborearla. Era como la profunda niebla londinense, pero una niebla muy dulce que te embotaba los sentidos.
Y las abejicas revoloteando, yendo de aquí para allá confundidas, persiguiendo a un enemigo indeterminado que estaba alterando su colmena y quitándoles el esfuerzo de su trabajo. Zumba que te zumba, pasando cerca de tu oído, frente a ti, enganchándose en el pelo, en la ropa,…
En este curioso ambiente en el que estábamos inmersos, comenzó a llover. Dentro del garaje empezó a llover, pero una lluvia peculiar. Y es que con el funcionamiento de la centrifugadora, la miel salía despedida golpeando las paredes metálicas del aparato, produciendo un sonido como el del agua repiqueteando los cristales en un día de tormenta. Tuvimos dos días de lluvia dulce.
Esta lluvia se iba convirtiendo poquito a poco en un líquido denso y oscuro, tan oscuro que parecía aceite de motor. Y junto al olor, el sonido, y el color, el tacto. Un tacto pegajoso y sudoroso, porque la temperatura era alta y la miel se te pegaba a todos sitios, éramos golosinas humanas medio derritiéndose.
Pero el esfuerzo merecía la pena, muchos botes salieron de los dos días de trabajo (aunque como siempre a mi suegro no le parecía suficiente). Y catamos una poquita con unas berenjenas fritas, del huerto familiar y de postre unos recocíos también acompañados con miel. Por supuesto nos llevamos un botecito para casa, donde los aprovecharemos bien: con yogur, tostadas con aceite y miel, cordero mozárabe, con nueces, para el té, salsitas dulces para la carne, etc. Con una cucharada por las mañanas en invierno no pillas un resfriado.

31 Julio, 2008 a las 12:10 pm |
¡Que envidia! De la sana
31 Julio, 2008 a las 7:49 pm |
Y no te cuento la de cosas que están sacando ya del huerto. Espectacular
Esto de tener familia en el campo es un lujo.