Llevamos unos días viendo en nuestros telediarios y periódicos cómo se ha puesto el foco en la situación de Irán tras las elecciones. Los medios de comunicación occidentales se están haciendo eco de la situación de descontento de parte de la población y están sirviendo de altavoz y soniquete constante para los opositores al presidente actual.
La verdad es que me ha sorprendido la posición y forma de contar las cosas de los medios de nuestro país, y me imagino que en el resto de países occidentales la cosa será parecida. Y es que las primeras imágenes que podíamos ver de las protestas mostraban a manifestantes y policías enfrentados con violencia, se veían incendios por las calles, mobiliario y coches rotos, personas tirando piedras y demás objetos a la policiía, etc. Vamos, que si pones la imagen un poco alejada y no dices que es Teherán, uno piensa que ya la están armando los de la kaleborrika.
Ante un panorama así yo esperaba que los comentarios fueran del tipo: Caos en las calles de Teherán, la violencia se desata en Irán, radicales protagonizan disturbios en las calles, manifestantes agreden a la policía, etc. Pero no, lo que nos están contando los medios de comunicación son cosas como: manifestaciones pacíficas inundan las calles de Teherán, los opositores al régimen ultraconservador realizan protestas, la gente demanda apertura, la policía reprime duramente las manifestaciones, podría haber algún muerto ya, etc.
Y no es que me parezca mal el tratamiento que se está haciendo de lo ocurrido, incluso se está contando algo de lo que hay detrás de las protestas y las peticiones de los manifestantes. Pero sí que me resulta sorprendente, porque los calificativos para situaciones similares en otros sitios son muy distintas. Así por ejemplo las recientes revueltas de los indígenas en Perú nos hablaban de que se había desatado la violencia y habían muerto unos 24 policías (si no recuerdo mal) y se le ponía el micrófono a los representantes del gobierno. No se decía nada de los muchos días que llevaban las protestas en marchade forma pacífica hasta que ha intervenido la policía, de los muertos indígenas, de la opinión de los manifestantes, de las ONG de la zona, del conflicto en sí, etc.
Si nos vamos a teritorio occidental y hacemos memoria de alguna manifestación contra el G8 o el G20, contra alguna reunión de líderes mundiales o cosas similares, lo que se nos viene a la cabeza es: radicales y extremistas de izquierda, personas antisistema, disturbios callejeros y violencia, quema de contenedores y daños, ni un micrófono para la voz de los manifestantes y sus representantes, etc.
Esta manera de actuar de los medios de comunicación me hace sentir un desprecio profundo por ellos, que llega hasta el asco cuando parece que con el tratamiento que están haciendo en Irán son los defensores de los oprimidos y los que dan voz a los débiles en cualquier parte del mundo. ¡Qué manipulación tan descarada hacen de los hechos! ¡Qué manera de tratar la información! ¡Qué perversión del lenguaje!
Aquí los manifestantes buenos
Aquí los manifestantes malos
Aquí otra visión de los manifestantes malos
Etiquetas: Conflictos, Medios de comunicación
21 Junio, 2009 a las 7:31 pm |
Por desgracia, hace tiempo que es una excepción el periodismo que analiza hechos; se han contagiado de la clase política. Se inventan un cuento –el que les conviene- y los hechos los acomodan a esa historia.
Después viene cuando se quejan de que en Internet hay gente que hace periodismo, sin ser periodistas. Y últimamente, a cuenta de la crisis, pedían ayudas para los periódicos, que es el colmo de la desfachatez. Luego pretenden que nos creamos que cuentan lo que sucede realmente, y que son imparciales.
22 Junio, 2009 a las 6:06 pm |
La crisis de los medios de comunicación generales se la han buscado ellos solitos, al igual que los partidos políticos mayoritarios cada vez se quedan con sus incondicionales y poco más. La parte buena es que están comenzando a surgir fuentes alternativas de información, por ejemplo internet como tú comentas, también algunos medios escritos (Le monde diplomatique, Diagonal), las radios comunitarias, etc.
De los medios tradicionales yo quizás me quedaría con la prensa, porque permite desmarcarse a los autores de artículos como tales autores y no como el periódico en cuestión y así dejar la corriente de pensamiento y tendencias políticas que tenga ese medio. Lo peor sin duda, la tele, que además es lo más influyente y masivo.